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> right cube_04 {21.09.2010_21.11.2010}
Dar paso a lo desconocido.
síntesis rc_04.pdf

 

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prólogo



Era un lunes a principios de verano cuando Julio me dijo que en 1987 se cerraron las entradas de luz natural de todo el Antiguo Hospital por razones de seguridad. Hacia 1949 se hizo el último proyecto de obras para convertir, lo que desde el siglo XV había sido la capilla gótica del Hospital de la Santa Creu, en una sala de exposiciones. Fue entonces cuando redescubrieron que sus muros eran románicos, una gran sala de enfermos de un pequeño hospital de beneficencia del siglo XIII fundado por el canónigo Colom. Sobre éste, dos siglos más tarde, se fundaría, con ayuda del reino, el primer gran hospital del condado de Barcelona: el Hospital de la Santa Creu. Hoy el nombre de ese canónigo lo lleva la plaza contigua y la fuente de la fachada. Fue en la última gran obra cuando se demolieron los edificios "misérrimos" (en palabras del arquitecto Adolfo Florensa) que tenía pegados y se tapiaron algunas puertas para aislarlo de las otras instituciones que –desde 1930– estaban adaptando la arquitectura del gran Hospital de la Santa Creu a sus nuevas funciones. Pero no todos los accesos quedaron definitivamente anulados; algunos volvieron a ser transitados de forma ilegal cuando, después de la segunda mitad del siglo XX, el espacio estuvo durante un tiempo cerrado al público. Y así en 1987 decidieron cerrar definitivamente la mayoría de entradas de luz natural, quizá para no depender de las demás instituciones contiguas a las que estaba, y sigue estando, adosado: la escuela de arte Massana y La Biblioteca de Catalunya.

Ese mismo lunes, la sala del Antiguo Hospital estaba oscura sin poder adivinar qué día hacía afuera. Las tapas del suelo de los cuadros de electricidad estaban abiertos. Sólo así se evita la condensación de la humedad. Felipe, en su primer día de trabajo, ya notó que al Antiguo Hospital le faltaba aire. Desde entonces, cada día abre la puerta que comunica con el jardín. Es ése uno de sus rituales que cumple metódicamente. Está habituado a la resonancia del lugar y sabe detectar presencias extrañas, incluso fantasmales. Él me señaló algunas de ellas y Oriol y Montserrat completaron mi recorrido por la fisonomía del espacio. ¶ La sala, antiguo lugar de ceremonias, se abre a la calle por la antesala y la puerta principal. En el tejado una linterna y dos lucernarios tapados. En lo alto de la nave una ventana tapada evita la cercanía con la biblioteca. Dos puertas tapiadas ya no conducen a la escuela ni al patio de los gatos. Dos pequeñas capillas, una sin oberturas visibles y la otra con una sepultura, una ventana, una entrada de luz y un par de huecos ocultos. Una cortina negra esconde una pequeña sala: el acceso que en otros tiempo recibía, desde el jardín, a los enfermos del gran hospital (el mismo que abre Felipe). A través de la pequeña sala se accede a dos baños. En uno de ellos puede verse el jardín y en el techo del otro, Montserrat sospecha de una conexión con la escuela. Ambos tienen dos desagües anulados. Al lado está el almacén alargado –la antigua habitación del párroco–, abovedado y totalmente oscuro. Otro espacio anexo es la oficina –un pequeño espacio ganado a la escuela–, el más luminoso del Antiguo Hospital. Tiene ventanas abiertas al jardín y una puerta no deseada que comunicaba con la escuela. En la entrada de la sala principal cuelga un balcón, antiguamente escenario del coro y el órgano de la iglesia, hoy el lugar más sombrío, abandonado y desconocido del Antiguo Hospital. Sólo puede accederse a través de una trampilla de la escuela. Sus restos de pinturas y decoraciones góticas han sido protagonistas de diversos intentos infructuosos de restauración. Debajo, la antesala sigue dando la bienvenida a los creyentes a través de la puerta principal de la calle. Desde ahí se accede también a un pasillo exterior que conduce hasta el patio de los gatos. Dos pequeñas tumbas rodeadas de malas hierbas custodian la pequeña puerta del cuarto de la fuente, también ocupada ilegalmente hace unos seis años.

Llevó varias visitas, encuentros, permisos y relaciones comprobar que cada una las aberturas podía ser abierta. Y otras tantas conseguirlo. Desde un principio los guardianes del patio de los gatos prefirieron no ampliar temporalmente el grado de libertad a sus animales callejeros para evitar causarles estrés. ¶ Las visitas a la biblioteca fueron rápidas y sencillas. Ferran me llevó al archivo de grabados. Allí se encontraba, inutilizada por un muro y una reja, la ventana alta del extremo de la nave de la sala. Era tan segura que un pájaro guardaba allí su nido. Julio, José, Juan Antonio y Adolfo volvieron ahí en dos ocasiones. ¶ En la primera visita a la escuela, Eduardo me llevó al tejado a través de las escaleras de hierro. Allí algunos gatos pasan la noche, abrigados por la escalera y el sol. La segunda visita la hice con Ramón quien, avisado por Montserrat, me esperaba con una linterna. Me llevó a la torre, antiguo tendedero, a buscar la trampilla. Abierta es un gran cuadrado negro. La luz de la linterna deja ver una escalera de caracol, de piedra, vieja, polvorienta, rota. Ramón alumbraba cada paso. Tropezamos con una piedra caída. El final de la escalera está incompleto y de un salto llegamos al balcón del órgano. Ramón me indica donde no puedo pisar. Tres grandes cortinas negras tapan la luz de la fachada. El órgano ya no está. Sólo un timbre sigue funcionando. Desde ahí arriba se observa la sala principal. Volví a la escuela varias veces más. Conocí a María. Se tomó muy en serio resolver el misterio abierto por Montserrat. Después vino Pere, el primero que nombró la palabra "seguridad". La alerta de peligro le llegó a Elena antes del verano pero las vacaciones pospusieron la decisión hasta el cambio de dirección del nuevo curso. El peligro se ejemplificó en Joel y María me lo hizo saber. Después del verano llegué a Antonio, quien me derivó a Gemma. Cuando estábamos muy cerca de la trampilla, Elena dió un informe negativo pese a la aceptación de Isabel, Nuria y Antonio. La nueva dirección ha burocratizado el protocolo de acceso a la trampilla y Ramón ha perdido competencias.

La fecha de apertura se acercaba de la mano de lo incierto. Esther pedía un calendario. Amanda expresaba su preocupación por el modo en que lo desconocido podría afectar a las obras expuestas. Julio se negaba a dar permiso para abrir unas cortinas. Oriol planteaba modos de resolución. Sonaban las palabras "responsabilidad civil" y "peligro". El polvo resultaba ser tóxico si era visible. Esther buscaba soluciones a las responsabilidades. Linares cambiaba presupuestos diariamente. José intuía peligro de desprendimiento y optaba por el saneamiento total. Hasta que llegó el día en que Linares dio un informe positivo a vista de pájaro, Oriol pidió garantías y Marc Aureli y Julio se pusieron de acuerdo: empezó así la acción. La primera abertura desmoronó los pronósticos de José. Pese a la oposición enfática de Oriol y la apuesta de Montserrat se destapó la puerta no deseada. Las cortinas fueron retiradas contra pronóstico y la fachada no se inmutó. Y aunque Albert sintió la amenaza de desaparición de su obra, Esther –subiéndose al tejado– puso a prueba su vértigo; gesto épico tras el cual las ventanas del tejado quedaron abiertas superando el fatalismo. E incluso, en este cambio acelerado, la palabra "ilegalidad" se presentó como solución a la de "responsabilidad". Tiempo tras el cual Montserrat me dijo que se veía en mí cuando era joven y Esther me decía que yo seguía sin entender.

Lo desconocido llegó a principios de año, durante la primera reunión con los implicados en la nueva temporada del Antiguo Hospital y hoy está ya instalado entre nosotros. No bastará una única
mirada para abarcarlo. Si presenciáis su aparición me gustará saberlo. Estaré esperando.

Hoy, 21 de septiembre de 2010, quedan abiertas todas las aberturas del Antiguo Hospital.





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diario


21 de septiembre de 2010
espero
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21 de noviembre de 2010
cierre del Antiguo Hospital
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epílogo

La Capella abre sus puertas (El Mundo, 28 de octubre de 2010)
Fenómenos extraños en La Capella? (El Raval, octubre 2010)
Avui la llum impedia veure res (Artiga, novembre 2010)
Hay un fantasma en el claustro (El Periódico, 1 de noviembre del 2010)
Encuentro con los gatos (20 minutos, 11 de octubre de 2010)
Ciutat Vella: 200 años de convivencia con el freático (ABC, 18 de noviembre de 2010)
Polvo centenario sobre La Capella (El Raval, noviembre de 2010)
Últims dies La Capella oberta a allò desconegut (El Punt, 16 de novembre de 2010)
Incómodas palomas en La Capella (La Vanguardia, 4 de noviembre de 2010)
La capella de l'hospitalitat (Avui 9 de novembre del 2010)
Una piedra fuera de lugar (El Raval, diciembre de 2010)


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